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viernes, 15 de mayo de 2015

Fábula de la tortuga y el escorpión


Hace algún tiempo, una pequeña tortuga se encontraba retozando en un riachuelo disfrutando de una soleada mañana, sin ninguna preocupación, al poco tiempo escucho que una voz la llamaba desde una de las orillas del río -Tortuga, tortuguita, ven por favor-, como todos sabemos, las tortugas de río son básicamente animalillos de buen corazón, así que sin dudarlo un segundo la tortuga se acerco confiadamente a la voz que la llamaba.

Al llegar a la orilla del río, la tortuga se llevo un gran susto al advertir que el dueño de la voz que la llamaba era un escorpión negro, como todos sabemos esos animales son extremadamente peligrosos por lo que la tortuga (ingenua al fin y al cabo) le pregunto sin acercarse a la orilla:
-Que quieres de mi escorpión?- a lo que el otro respondió .
-Pequeña tortuga, tengo una urgencia y debo cruzar hacia el otro lado del río, serias tan amable de ayudarme a cruzar llevándome sobre tu lomo?-

La tortuga solo tardo un instante en pensar que ahí había gato encerrado y rápidamente le contestó:
-No te llevo, por que eres un escorpión y en cuanto me acerque a ti, me vas a picar y me vas a matar-

Al escuchar estas palabras el escorpión rompió a llorar a mares y usando un tono lastimero le dijo a la tortuga:
-En verdad necesito cruzar al otro lado y no tengo tiempo para dar un rodeo, es una pena que no me quieras ayudar solo por que soy un escorpión, yo no tengo la culpa de ser lo que soy-

La pobre tortuga, que era de buen corazón, estuvo a punto de ayudarle al escuchar el llanto del que pedia su ayuda, pero recordó los escorpiones son animales que son capaces de picar a otro y matarlo solo por placer, así que comenzó a alejarse y le dijo al escorpión:
-Lo siento mucho, pero no debo de ayudarte, por que me matarías-

El escorpión desesperado le dijo:
-Tortuguita, por favor espera, te propongo lo siguiente; Tu sabes que yo no se nadar verdad?-
-Si- Contesto la tortuga un poco intrigada.
-Y sabes también, que lo único que a mi me interesa es cruzar al otro lado verdad?-
-Si- Dijo una vez mas la tortuga.
-Pues entonces que te parece si solo te acercas a la orilla lo suficiente para que yo pueda llegar a tu lomo mediante un salto, de ese modo estarás segura de que no te puedo picar cuando te me acerques, también estarás segura de que no te puedo picar cuando me estés llevando, por que si te hundes tu, pues yo también me hundiría y moriría junto contigo, además al llegar a la otra orilla me dejas a la distancia justa de un brinco y si desperdicio mis fuerzas en tratar de picarte, pues no voy a llegar a la orilla y me voy a ahogar- Dijo el escorpión y por último agregó Por favor tortuga, por favor hazme ese gran servicio, sabes que si te pico pierdo yo tanto o más que tu-

La pobre tortuguita no sabia que hacer y repaso mentalmente el plan del escorpión y peso para sus adentros Debe estar muy desesperado para pasar al otro lado ya que esta poniendo su vida en mis manos y sin mas, se decidió. -Esta Bien- Dijo -Súbete, te llevo-.

El escorpión muy agradecido salto a lomos de la tortuga y esta inicio su recorrido silbando una alegre melodía, sin embargo al llegar a la mitad exacta del río la tortuga sintió el terrible piquete del escorpión en la base de su cuello, atónita al tiempo que sentía como su cuerpo se entumecía y comenzaba a hundirse solo pudo voltear a ver al escorpión y preguntarle -Que paso?- a lo que el escorpión respondió antes de ahogarse -No lo pude evitar, es mi naturaleza...-


Fuentes: 
 http://foro.enfemenino.com/forum/f182/__f3345_f182-Fabula-de-la-tortuga-y-el-escorpion-para-todos-leedlo-escorpiones-no-os-enfadeis.html

http://www.fondosya.com/dibujo_de_una_tortuga-fondos_de_pantalla.html

lunes, 23 de enero de 2012

Nómadas modernos



 Un día cualquiera, la clase de don Ernesto transcurría normalmente mientras explicaba a sus alumnos la historia del hombre. Les contaba que en un principio los hombres fueron nómadas, que no vivían en un lugar fijo porque iban de un lado a otro buscando la comida donde estaba, y cuando se acababa, se marchaban a otro lugar. Les contó cómo el invento de la agricultura y la ganadería fue algo excepcional, porque al aprender a cuidar la tierra y los animales, el hombre pudo tener comida siempre, de mejor calidad, y además vivir en un sitio fijo, lo que facilitaba que se pudieran hacer muchas otras cosas que necesitaban mucho tiempo para hacerse, y a raíz de eso se contruyeron los primeros pueblos y ciudades...
Todos escuchaban como encantados aquella historia, hasta que saltó Lucía:

- ¿Y si aquello fue tan importante y mejoró todo tanto, por qué somos nómadas otra vez, don Ernesto?

Don Ernesto se quedó sin decir palabra. Lucía era una niña muy inteligente, conocía a su casa y a sus padres, y estaba seguro de que no eran nómadas; ¿qué querría decir?
- Todos nos hemos vuelto nómadas -siguió Lucía-. El otro día a las afueras de la ciudad estaban talando los bosques, hace poco vez un pescador me contó cómo pescaban; y con todos era lo mismo: cuando se acababa un bosque, se iban a otro, y cuando se acababan los peces en un sitio, cambiaban de lugar. Eso es lo que hacían los nómadas ¿no?
El maestro asintió pensativo con la cabeza. Realmente, Lucía tenía razón, y los hombres habíamos terminado por convertirnos en nómadas a la hora de conseguir muchas cosas. ¡Menudo atraso! en lugar de cuidar la tierra y sus recursos para seguir obteniéndolos en el futuro, ¡seguimos exprimiéndolos hasta que se acaban, y luego nos vamos!. El resto de la tarde estuvieron hablando sobre qué podían hacer para demostrar lo civilizados que eran...
Al día siguiente, todos fueron a clase llevando una camiseta verde con un mensaje que decía "¡Yo no soy un nómada!", y a partir de entonces, se dedicaron a demostrar a todos que no lo eran; cada vez que sabían que iban a necesitar algo, se preocupaban por asegurarse de que hubiera sido obtenido con cuidado y control: si querían madera o papel, se aseguraban de que fuera de árboles replantados, el pescado lo compraban en piscifactoría, vigilando que no fueran peces pequeñitos; sólo utilizaban productos de animales cuidados y alimentados en granjas... y así, desde su pequeña ciudad, aquellos niños consiguieron dejar de ser nómadas de nuevo, como habían hecho los hombres prehistóricos hacía miles de años.

Autor: Pedro Pablo Sacristán

sábado, 21 de enero de 2012

¡Nada de caprichos!


   “¡Nada de caprichos! ¡Nada de caprichos!” era la única frase que Rosa oía desde que empezó a faltar el dinero en casa, una vez que su papá se quedó sin trabajo. Y eso que a Rosa nadie le había enseñado a distinguir qué era un capricho y qué no lo era. Pero tenían tantos problemas, y Rosa seguía pidiendo tanto aquello que le gustaba, que un día sus papás le dijeron
“Todo lo que pides son caprichos, Rosa. Eres una caprichosa”.
Aquello no le gustó nada a la niña, siempre dispuesta a ayudar, pero sin saber cómo. Y como siempre que no sabía qué hacer, Rosa salió al jardín. Allí, contemplando los animales, las flores y la naturaleza, a menudo encontraba buenas ideas.
Ese día se quedó largo rato observando una familia de pajarillos. No tenían pinta de tener dinero, ni un empleo, así que la niña pensó que probablemente aquella pequeña familia tampoco pudiera permitirse ningún capricho. Pero a pesar de ello, no se les veía tristes. Y tampoco parecían estarlo las ardillas o las mariposas. De modo que la niña pensó en pedir únicamente aquellas cosas que viera en los animales: de esa forma dejaría de ser una niña caprichosa, fuera lo que fuera eso, y además estaría feliz.
Así, observando a las hormiguitas recoger comida, aprendió que comían la comida que encontraban, aunque no fuera la más dulce o sabrosa, y ella misma decidió aceptar sin protestas lo que cocinara su mamá.
De los perros y su pelaje, aceptó que había que llevar ropa para abrigarse, pero que no era necesario cambiarla constantemente, ni utilizar mil adornos diferentes.
De los pájaros y sus nidos, comprendió que tener una casa cómoda y calentita es importante, pero que no tiene por qué ser enorme y lujosa, ni estar llena de cosas.
Y así observó y aprendió muchísimas cosas de los animales, y de cómo ellos no tenían problema para distinguir lo que era verdaderamente necesario de lo que era un capricho. Pero lo que más le gustó de todo lo que aprendió fue que todos los animales jugueteaban y se divertían. Eso sí, siempre lo hacían con aquello que encontraban a su alcance, sin tener que usar juguetes especiales o carísimos.
Desde entonces, Rosa dejó de pedir todas aquellas cosas que sus amigos los animales no habían necesitado nunca. Y comprobó que podía ser incluso más feliz prescindiendo de todo eso. Y no sólo se sintió fenomenal, sino que nadie más volvió a llamarla “niña caprichosa”.

martes, 17 de enero de 2012

El mercado global



Árboles de color canela, frutos dorados.
Manos de caoba envuelven las semillas blancas en pa-
quetes de grandes hojas verdes.
Las semillas fermentan al sol. Después, ya devueltas,
el sol las seca, a la intemperie, y lentamente las pinta 
de cobre.
Entonces, el cacao inicia su viaje por la mar azul.
Desde las manos que lo cultivan hasta las bocas que lo
comen, el cacao se procesa en las fábricas de Cadbury,
Mars, Nestlé o Hershey y se vende en los supermecados
del mundo: por cada dólar que entra en la caja, tres centa-
vos y mediovan a las aldeas de donde el cacao viene.
Un periodista de Toronto, Richard Swift, estuvo en una
de esas aldeas, en las montañas de Ghana.
Recorrió las plantaciones.
Cuando se sentó a descansar, sacó de su mochila unas
barras de chocolate. Antes del primer mordisco, se encontró
rodeado de niños curiosos.
Ellos nunca habían probado eso. Les encantó.
Eduardo Galeano, en su libro Bocas del tiempo.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Las lentejas y Diogenes


Un día, estaba Diogenes comiendo un plato de lentejas, sentado en el umbral de una casa cualquiera.
No había ningún alimento en toda Atenas mas barato que el guiso de lentejas.
Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas significaba que te encontrabas en una situación de máxima precariedad.
Paso un ministro del emperador y le dijo: "¡Ay, Diogenes! Si aprendieras a ser mas sumiso y a adular un poco mas al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas".
Diogenes dejo de comer, levanto la vista, y mirando al acaudalado interlocutor intensamente, contesto: "Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador".

Este es el camino de Diogenes. Es el camino de autorrespeto,de defender nuestra dignidad por encima de nuestras necesidades de aportación. Todos necesitamos la aportación de los demás. Pero si el precio es dejar de ser nosotros mismos, no solo es demasiado caro sino que además se convierte en una búsqueda incoherente: empezamos a parecernos a aquel hombre que buscaba su mula por todo el pueblo, mientras iba cabalgando... su mula.
 Jorge Bucay de su libro deja me que te cuente.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Dos de Diógenes



Dicen que Diógenes paseaba por las calles de Atenas vestido en harapos y durmiendo en los zaguanes.
Cuentan que una mañana, cuando Diógenes estaba amodorrado todavía en el zaguán de la casa donde había
pasado la noche, pasó por el lugar un acaudalado terrateniente.
Buen día –dijo el caballero.
Buen día –contestó Diógenes.
He tenido una muy buena semana, así que he venido a darte esta bolsa de monedas.
Diógenes lo miró en silencio, sin hacer un movimiento.
Tómalas, no hay trampas. Son mías y te las doy a ti, que sé que las necesitas más que yo.
¿Tú tienes más? –preguntó Diógenes.
Sí, claro –contestó el rico— muchas más.
¿Y no te gustaría tener más de las que tienes?
Sí, por supuesto que me gustaría.
Entonces guárdate las monedas que me dabas, porque tú las necesitas más que yo.
Y cuentan algunos que el diálogo siguió así:
Pero tú también tienes que comer y eso requiere dinero.
Tengo ya una moneda –y la mostró— y esta me alcanzará para un tazón de trigo hoy por la mañana y quizá algunas naranjas.
Estoy de acuerdo, pero también tendrás que comer mañana y pasado y al día siguiente ¿de dónde sacarás el dinero mañana?
Si tú me aseguras, sin temor a equivocarte, que yo viviré hasta mañana, entonces, quizás tome tus monedas...


Jorge bucay de su libro recuentos para Demián

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El mundo al reves


Ya se sabe que el dinero no produce la felicidad, pero también se sabe que produce algo tan parecido que la diferencia ya es asunto de especialistas, sin embargo la peste de la tristeza esta haciendo estragos en los países mas ricos, las estadísticas de la organización mundial de la salud informan que la depresión nerviosa es ahora diez veces mas frecuente que hace cincuenta años en Estados Unidos y en Europa occidental, las estadísticas revelan los vertiginosos cambios ocurridos en el ultimo medio siglo, en estos prósperos países que todos quieren imitar, ansiedad de comprar y ser comprado, angustia de perder y  ser desechado, en los centros del privilegio, en estos lugares, en estos países ricos, la gente dura mas, gana mas y tiene mas, pero se deprime mas, enloquece mas, se emborracha mas, se droga más, se suicida mas y mata mas. En mi casa, en Montevideo, recibí un folleto de ofertas para el día de la madre .Ahí estaba todo lo mejor de lo mejor que uno puede regalar a la abnegada autora de sus días. Noches tranquilas, muy tranquilas, prometió el folleto que a precio razonable, lo que estaba vendiendo era alarmas de control remoto, sirenas anti vándalos, llaves electrónicas, barreras contra todo riesgo, sensores infrarrojos con lente triple y sensores magnéticos para puertas y portones. En tu día mamá los países riquísimos anuncian que perdonaran las deudas incobrables de los países pobrísimos siempre y cuando intensifiquen sus políticas de ajuste, o sea, que reduzcan todavía más los salarios, los sueldos que ya están tan enanos que da para sentir envida de los tiempos en que la esclavitud se llamaba esclavitud. 
  Autor: Eduardo Galeano

La cueva de los mil tesoros


Había una vez un hombre que paseando por el monte encontró una cueva increíble. En su interior había almacenadas toda clase de tesoros y piedras preciosas, y cuando lo vio, el hombrecillo no dudó en ocultar la entrada a aquel tesoro, y dedicó todo su tiempo a guardarlo. Desde aquel día, el hombrecillo aprovechó para ocultar en aquella cueva todas sus cosas de valor, y para evitar que los demás se enteraran de que era rico, abandonó su trabajo, su casa, y sus amigos. Vigilaba constantemente los alrededores de su cueva tratando de evitar que nadie entrara, y por miedo a los ladrones, hacía guardia todas las noches ante la puerta. Así, el hombre estaba tan dedicado a su cueva que casi no comía ni bebía, y empezó a enfermar. Durante muchos días fue adelgazando y enfermando, perdiendo todas sus fuerzas, hasta estar a punto de morir. Y un día, cuando prácticamente no podía moverse, se dio cuenta de que había sido su avaricia quien le había llevado a ese extremo. Entonces comprendió que para nada le había servido guardar su tesoro, y decidió compartirlo con otros justo antes de morir. Cuando entró en la cueva para coger un buen puñado de aquellas riquezas, descubrió horrorizado que apenas quedaba nada. Tan sólo una pequeña esmeralda de brillo apagado. El hombre la tomó y salió fuera dispuesto a regalársela al primero que pasara por allí. Al poco apareció por allí una mujer, que recibió la piedra con gran alegría, mientras el hombre le decía. "-Te habría entregado muchos más tesoros, mujer, pero no sé dónde han ido y esto es lo único que me queda" - ¿Seguro que no hay nada más?- replicó la mujer. El hombre negó con la cabeza y le señaló la cueva, en la que vió brillar algunas monedas doradas - Pues qué suerte, sí quedaba alguna más. Toma llévalas contigo La mujer tomó la piedra y las monedas, y se fue feliz y contenta. Al rato, apareció un nuevo anciano que preguntó al hombre qué hacía allí. - ¡Qué mala suerte! Justo hace un momento le he dado a una mujer las pocas riquezas que quedaban del fabuloso tesoro que custodiaba El anciano preguntó: - ¿Seguro? Y cuando el hombre le mostró la cueva, descubrió un cofre con joyas y unas bolsas de oro. EL hombre no salía de su asombro, y el anciano le explicó: ¡Por fin! Por fin alguien libera el encantamiento de esta cueva. Mira, esta es la Cueva de los Mil Tesoros, y eres el primero que supera su gran prueba. Muchos han sido los que han dedicado su vida a esta cueva para terminar comprobando que no había ya nada... ¿Y por qué ocurre esto? -dijo el hombre- ¿por qué aparecen y desaparecen las joyas? Hijo, esta cueva mágica tiene tantos tesoros como tenga tu corazón. Cuando alguien la descubre, se llena de los tesoros que trae consigo, pero cuando luego todos ponen el empeño en guardar las riquezas, su corazón se vacía de las cosas importantes para dejar hueco al dinero y a las joyas, y al final se queda vacío, como has visto tú mismo?. La única forma de llenarlo es llenando el corazón con todas las cosas buenas, como has hecho al regalar la última joya a esa mujer. ¿No te sentiste mejor al hacerlo? Eso era porque la cueva se estaba volviendo a llenar... Y aquel hombre comprendió que era mejor compartir que guardar, y desde entonces se convirtió gracias a su cueva, en un gran señor, noble y generoso.
Autor: Pedro Pablo Sacristan

El pais de las cucharas largas


"Aquel señor había viajado mucho. A lo largo de su vida , había visitado cientos de países reales e imaginarios... Uno de los viajes que más recordaba era su corta visita al País de las Cucharas Largas. Había llegado a la frontera por casualidad: en el camino de Uvilandia a Parais, había un pequeño desvío hacia el mencionado país, y explorador como era, tomó el desvío. El sinuoso camino terminaba en una sola casa enorme. Al acercarse, notó que la mansión parecía dividida en dos pabellones: un ala Oeste y un ala Este. Estacionó el auto y se acercó a la casa. En la puerta , un cartel anunciaba: * PAIS DE LAS CUCHARAS LARGAS* "ESTE PEQUEÑO PAÍS CONSTA SÓLO DE DOS HABITACIONES LLAMADA NEGRA Y BLANCA. PARA RECORRERLO, DEBE AVANZAR POR EL PASILLO HASTA QUE ESTE SE DIVIDE Y DOBLAR A LA DERECHA SI QUIERE VISITAR LA HABITACIÓN NEGRA, O A LA IZQUI ERDA SI LO QUE QUIERE ES VISITAR LA HABITACIÓN BLANCA" El hombre avanzó por el pasillo y el azar lo hizo doblar primero a la derecha. Un nuevo corredor de unos cincuenta metros terminaba en una puerta enorme. Desde los primeros pasos por el pasillo, empezó a escuchar los "ayes" y quejidos que venían de la habitación negra. "Por un momento las exclamaciones de dolor y sufrimiento lo hicieron dudar, pero siguió adelante. Llegó a la puerta, la abrió y entró. Sentados alrededor de una mesa enorme, había cientos de personas. En el centro de la mesa estaban los manjares más exquisitos que cualquiera podría imaginar y aunque todos tenían una cuchara con la cual alcanzaban el plato central... se estaban muriendo de hambre. El motivo era que las cucharas tenían el doble del largo de su brazo y estaban fijadas a sus manos. De ese modo todos podían servirse, pero nadie podía llevarse el alimento a la boca. La situación era tan desesperante que el hombre dio media vuelta y salió casi huyendo del salón. Volvió al hall central y tomó el pasillo de la izquierda, que iba a la habitación blanca. Un corredor igual al otro terminaba en una puerta similar. La única diferencia era que, en el camino, no había quejidos, ni lamentos. Al llegar a la puerta, el explorador giró el picaporte y entró en el cuarto. Cientos de personas estaban también sentados en una mesa igual a la de la habitación negra. También en el centro había manjares exquisitos. También cada persona tenía una larga cuchara fijada en su mano... Pero nadie se quejaba ni lamentaba. Nadie estaba muriendo de hambre, porque todos...se daban de comer unos a otros ¡¡¡¡ El hombre sonrió, se dio media vuelta y salió de la habitación blanca. Cuando escuchó el "clic" de la puerta que se cerraba se encontró de pronto y misteriosamente, en su propio auto, manejando camino a Parais..."

Autor: Jorge Bucay de su libro recuentos para Demián

El verdadero valor de las cosas


 
En una ocasión, el padre de una familia muy rica, llevo a su hijo a pasar unos días en el campo, en la casa de una familia muy humilde de campesinos. Su propòsito era que su hijo fuera consciente de la pobreza en la que tienen que vivir algunas personas. Pasaron el fin de semana en la vieja casa de campo de estos campesinos. Al finalizar el viaje, cuando iban de camino a su casa en su lujoso coche, el padre le preguntó al hijo: Que te ha parecido el viaje? Me ha encantado papi!! Has visto lo pobre que puede ser la gente? Insistió el padre. Si, me he dado cuenta. Respondió el niño. Y que has aprendido, hijo ? Volvió a insistir el padre. Me he dado cuenta de que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina de agua estancada que llega hasta la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo de agua cristalina que no tiene fin. Nosotros iluminamos nuestro jardín con farolas, ellos tienen las estrellas y la luna por la noche. Nuestra terraza llega hasta la cerca y ellos tienen todo el horizonte como terraza. Poseemos un pedazo pequeño de tierra para vivir y ellos campos que van más allá de lo que alcanza nuestra vista. Tenemos criados que nos sirven, pero ellos se sirven unos a otros. Nosotros compramos nuestra comida, ellos siembran y cosechan la suya. Nosotros escuchamos CD′s, ellos escuchan una perpetua sinfonía de pericos, ranas, sapos, y otros animalitos. Nosotros cocinamos en estufa eléctrica, todo lo que ellos comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña. Nosotros vivimos conectados al movil, al ordenador, al televisor... Ellos, en cambio, están "conectados" a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia. Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro con alarmas, ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos. Lo que más llamo mi atención, papá, es que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tenéis que trabajar todo el tiempo y casi nunca os veo y rara es la vez que compartimos una conversación. Dicho esto, el padre quedo mudo ante la profundidad de las palabras del pequeño. Y entonces el hijo terminó: “gracias papá, por enseñarme lo pobres que somos” “y lo ricos que podríamos llegar a ser...” .